"Ahora pues, Jehová, Dios mío, tú me has hecho rey a mí, tu siervo, en lugar de David, mi padre. Yo soy joven y no sé cómo entrar ni salir. Tu siervo está en medio de tu pueblo, el que tú escogiste; un pueblo grande, que no se puede contar por su multitud incalculable. Concede, pues, a tu siervo un corazón que entienda para juzgar a tu pueblo y discernir entre lo bueno y lo malo, pues ¿quién podrá gobernar a este pueblo tuyo tan grande?" 1 Reyes 3:7–9 Salomón era aún joven cuando se le apareció Jehová en sueños, diciendo: «Pide lo que quieras que yo te dé» (1 R 3.5). No dudamos de que podría haber pedido lo que quisiera y Dios se lo hubiera concedido, pues el Señor no es hombre para no cumplir con su Palabra. ¿Qué le hubiéramos pedido nosotros a Dios si nos hubiera hecho una oferta similar? La respuesta de Salomón no solamente impacta por la profundidad de su visión, sino que revela un marcado contraste con las peticiones mezquinas que tantas veces son el tema principal de ...